lunes, 22 de septiembre de 2014

Guía/ Manual de LRDT"

Ayer, a mi regreso tras unos días de descanso, encontré en el correo el comentario de un amigo lector de la serie La Rueda del Tiempo. Te agradezco este aviso, anónimo, ya que además de entrar al enlace que me das, The Wertzone, busqué dicha información en la página de Dragonmount y también he visto la noticia allí. Tu comentario está publicado en la entrada a la que lo dirigiste, la anterior a esta nueva de hoy.

Empezaré con lo publicado en Dragonmount (de donde he tomado la idea de poner un libro encabezando la entrada, aunque yo he elegido la antigua enciclopedia, publicada en 2003; ya ha llovido un poco desde entonces). Ellos también han puesto un enlace a la página Wertzone "para más detalles". Traduciré lo que hay allí después del texto de Dragonmount.

Hago un inciso para advertir a quienes no hayan leído todos los libros. Aunque son poca cosa y apenas revelan nada, aparecen dos o tres spoilers. Vosotros decidís si leéis la entrada o no. Yo lo he avisado, por si acaso.

La noticia comienza aclarando que lo que hasta ahora hemos llamado la Enciclopedia de LRDT (The Wheel of Time Encyclopedia), pasa a ser Wheel of Time Companion. (No os dejéis engañar por el término en inglés, que es uno de esos que llamamos "falsos amigos".) Sí, sí, también significa "compañero", pero cuando se refiere a un libro pasa a ser "guía" o "manual". He visto que en Dragonmount dan algunos datos, como por ejemplo (según comentario de Adam, uno de los colaboradores de esta serie desde hace años) que tendrá unas 350.000 palabras y que habrá ilustraciones y mapas que no han salido nunca en los anteriores libros. Asimismo, contará con un diccionario de la Antigua Lengua (alrededor de mil palabras), así como los perfiles completos de todos los personajes (incluida nuestra querida Bela).

Harriet y el Equipo Jordan han prometido que nos pondrán al corriente en cuanto la Guía/el Manual salga hacia Tor para su publicación.

Ahora bien, la fecha que se calcula para que el libro vea la luz en inglés es (de momento) noviembre de 2015, así que todavía queda mucho tiempo.

Por otro lado, en la página indicada antes, The Wertzone, tenemos la misma información aunque un poquito más ampliada y con más información. Y su autor, Adam Whitehead, empieza comentando que todo esto salió a relucir en la Wordlcon, en una "mesa redonda" a la que asistieron Harriet, Maria y otros dos autores de fantasía que hablaron sobre la influencia de La Rueda en su desarrollo como escritores del género. Sin embargo, lo que les ocupó más tiempo fue la charla que mantuvieron con la gente respecto a la "Enciclopedia", es decir el nuevo manual o nueva guía de LRDT. Lo resumo como hace él:

- La enciclopedia pasa a llamarse Guía/Manual de LRDT.

- Tendrá 350.000 palabras. Casi tantas como el libro más largo de la serie.

- El libro ofrecerá un montón de ilustraciones nuevas. De esto se encargará Irene Gallo.

- La fecha prevista para la publicación es noviembre 2015.

- El libro llevará los mapas que ya conocemos, así como otros nuevos, como el de Thakan'dar.

- Contará con un amplio vocabulario de 1.000 palabras de la Antigua Lengua.

- Habrá perfiles e incluso dibujos (bosquejos) de casi todos los personajes (incluida Bela, que tendrá su propia entrada).

- El libro estará escrito desde una perspectiva posterior a los libros de LRDT, de modo que habrá spoilers de toda la serie.

Por otro lado, se habló sobre la serie en sí, y el resumen es como sigue:

- La serie está acabada y cerrada. Tor ofreció bastante dinero a Harriet, pero ella se negó en redondo a ampliarla. LRDT acaba con Un Recuerdo de Luz y la Guía/el Manual.

- Había varios contratos pendientes con Jordan, incluida una trilogía Seanchan. Parece ser que la suma de dinero acordada para escribir todo eso eran tremenda; varias veces el valor de la casa de Harriet. En Tor han consultado y han echado cuentas para rehacer los contratos y sustituirlos por este último libro Guía/Manual.

- De la trilogía Seanchan, RJ tenía escrita una línea: Mat Cauthon jugando a los dados en un sucio callejón de Ebou Dar. (No es textual esta cita.) Y nada más.

- Harriet se encargó de titular, aproximadamente, el 75% de los capítulos de la serie.

- Harriet interpretó (vocalmente) el relincho de Bela al morir en URdL.

- La mesa redonda sostuvo una intensa discusión de cinco minutos sobre la muerte de Bela. Cuando él (Adam Whitehead) sugirió hablar sobre la muerte de algunos personajes humanos, nadie mostró mucho interés. Todo giró en torno a la yegua.

- Jordan intentaba evitar hacer spoilers a Maria en los trabajos que tenía que encargarle, pero ella le persuadió de que se las apañaría para sobrellevarlo. Entonces, lo primero que le soltó fue toda la historia de Verin. Esto ocurrió más o menos cuando se publicó El camino de dagas.

- La petición de búsqueda más rara que le hizo Jordan (supongo que a Maria) fue qué sentían los niños al nacer. Eso se utilizó en la escena del vínculo en El corazón del invierno.

- La situación de los derechos para cine/TV de la serie empieza a aclararse. Red Eagle vendió los derechos a Universal, y ahora parece que esos derechos volverán a ser parte del Patrimonio Jordan dentro de un tiempo. Parece que en otras compañías hay cierto interés por esos derechos, dado el éxito actual en otros proyectos de fantasía en series de TV y películas.

Ahí acaba el interesante resumen de la entrada de Wertzone.

Y yo termino mi entrada aquí, en Flandes, que espero haya sido interesante.

* * * * * * *

23-09-14

Añado un dato más que he visto hoy en Dragonmount (aunque la nota es del día 5 de setiembre). La colaboradora comenta que a principio de esa semana les llegó la noticia de que el primer borrador de la Guía/el Manual de LRDT había salido hacia la editorial. Si funciona igual que con los libros, sabemos que, mínimo, habrá de dos a tres borradores antes de que el texto sea definitivo para meterlo en maquetación e impresión. Repite los datos que os di ayer y añade que cuando tengan más novedades, por ejemplo sobre las ilustraciones, nos informarán.

Un saludo a todos

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sábado, 8 de marzo de 2014

Retrospectiva de LRdT (8) – B Sanderson

Amigos, ya tenéis aquí la octava y última entrega de la retrospectiva de Brandon. En este comentario final se centra en La Torre Negra y habla sobre Pevara y Androl, Rand y Logain. Una vez más, Brandon avisa que hay spoilers de toda la serie, incluido, por supuesto, el libro final. Aun sabiendo que estaréis al tanto a estas alturas, repito una vez más: los que no hayáis acabado los libros, no leáis ninguno de los artículos encuadrados en el tema de la retrospectiva si no queréis llevaros una sorpresa por adelantado. Como siempre, el texto mio lo pongo en otro color para distinguirlo de lo que es la traducción de la retrospectiva.

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: La Torre Negra

01 de noviembre 2013

Podéis ver una explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo en el enlace a las entradas previas sobre este tema. Aquí tenéis la octava entrega. Antes de empezar, he de mencionar que en ésta hay spoilers de toda la serie, incluido el final. Si no habéis terminado, será mejor que lo hagáis antes de leer este artículo.

Robert Jordan no me dejó muchas indicaciones respecto a la Torre Negra. Había unas cuantas observaciones que conocíamos, pero en un montón de sitios tuve que dejar que me guiara el instinto respecto a puntos de la trama que él había desarrollado en los últimos libros. Por suerte, sí dejó un montón de instrucciones muy claras respecto a Taim, incluida su historia, y asimismo para la escena en la que Taim es investido como uno de los Renegados.

Androl y Pevara

Trabajando en el hilo de la Torre Negra, caí en la cuenta enseguida de que quería contar con el punto de vista de un personaje nuevo. Una de las razones era que no teníamos a nadie que nos mostrara realmente la vida cotidiana de los miembros de la Torre Negra. Parecía que hubiera un agujero en el mosaico de los puntos de vista de la serie. Además, en cada libro de La Rueda del Tiempo —casi sin excepción— se había introducido un nuevo punto de vista de un personaje o se había añadido mucha profundidad a un personaje al que hasta ese momento sólo se le había dado un uso mínimo. Puesto que nos acercábamos al final de la serie, no quería abusar de eso. No obstante, deseaba agregar al menos un personaje a lo largo de los tres libros que estaba escribiendo.

Planteé al Equipo Jordan la sugerencia de que podía cumplir ambos propósitos utilizando a alguno de los soldados rasos, alguien que no fuera un Asha’man de pleno derecho, sino más bien alguien que apenas hubiera aparecido en la serie. Me propusieron a Androl. En las notas no había ninguna referencia sobre él y, aunque había intervenido alguna vez, hasta ese momento no había destacado en la trama. Parecía el personaje perfecto en el que trabajar.

Se hilaron unas cuantas cosas más en esa serie de escenas. Una fue mi deseo de expandir el uso de los accesos en La Rueda del Tiempo. Durante años, siendo un aspirante a escritor, había imaginado cómo utilizaría los accesos si escribiera un libro en el que existieran. Llegué incluso a incluir un sistema mágico en la saga «La guerra de las tormentas» basado en una mecánica de teletransporte similar. Poder trabajar en La Rueda del Tiempo resultó ser emocionante por muchas razones, pero una de las principales fue que me permitió jugar con uno de mis sistemas de magia favoritos y darle un empujoncito hacia direcciones nuevas. Ya he dicho que no quería crear muchos tejidos nuevos, y sí, en cambio, encontrar nuevas formas de usar tejidos ya establecidos. También me gustaba la idea de ampliar el sistema para gente que poseía un Talento específico en ciertos aspectos del Poder Único.

Androl se convirtió en mi experto en accesos. Otro detalle crucial en el desarrollo del personaje me llegó a través de Harriet, que me envió un largo artículo sobre un talabartero que había encontrado en las anotaciones del señor Jordan. Me dijo: «Planeaba utilizar esto en alguna parte, pero no sabemos dónde.»

Una última pieza para este hilo narrativo surgió mientras releía la serie, cuando me dio la impresión de que, a veces, se notaba que el fandom le tenía mucha manía al Ajah Rojo. Sí, es cierto que en los libros las Rojas tuvieron serios problemas con el liderazgo de su Ajah, pero su propósito era noble. Creo que muchos lectores querían que al Rojo se lo enfocara en La Rueda como el equivalente de Slytherin, esa casa de malas artes con variantes de malicia en todos y cada uno de sus miembros. El propio Robert Jordan procuró contrarrestar esa propensión al dar mucha profundidad al Ajah con la introducción de Pevara. Yo llevaba mucho tiempo considerándola uno de mis personajes secundarios preferidos, y quería que tuviera protagonismo en los últimos libros. Crear una relación entre ella y Androl me pareció muy natural, ya que además de permitirme explorar el proceso de la vinculación también me dio la posibilidad de desarrollar una pequeña historia romántica en los últimos tres libros, algo que asimismo ha estado presente en casi todos los libros de La Rueda del Tiempo. El modo en que provoqué la creación del vínculo Androl-Pevara tuvo también algo de exploración y experimentación. Aunque esto se sugería en lo que Robert Jordan había escrito, tuve cierta libertad a la hora de adaptarlo. Pensé que hacerlo equiparable al vínculo del lobo tenía sentido, con (por supuesto) sus propias peculiaridades.

No obstante, encontrar el lugar en los libros donde situar las escenas de Pevara-Androl no resultó tarea fácil. Torres de Medianoche fue el libro en el que tuvimos los mayores problemas temporales. Era la novela en la que yo planeaba meter gran parte de las escenas de la Torre Negra, aunque al final no fue posible, en parte porque no disponíamos de tiempo suficiente para que pudiera escribirlo. Así pues, aunque terminé algunos capítulos para ponerlos en ese volumen, el meollo de las escenas se pospuso para que apareciera en Un Recuerdo de Luz, siempre y cuando tuviera tiempo para hacerlo.

Y lo tuve; en parte debido al recorte de las escenas de Perrin. Quitar esas diecisiete mil palabras rompió el ritmo del último libro. Era preciso desarrollar un hilo argumental con una mayor carga de tensión específica a fin de equilibrar las escenas más generalizadas de la primera parte del libro, donde los personajes hacen planes, intrigan y discuten. Conseguí ampliar la trama Androl-Pevara para que encajara y llenara ese vacío, y para ofrecer un montón de cosas que realmente quería que estuvieran en los libros.

Rand y Logain

Tomé algunas decisiones interesantes para las escenas de la Torre Negra. La primera fue no involucrar a Rand. Aunque habría proporcionado un bonito equilibrio narrativo el hecho de que Rand acudiera a salvar a los Asha’man, en contrapartida a que ellos lo salvaran en el sexto* libro, pensé que la personalidad de Rand (la que vimos en otros libros anteriores) lo habría inducido a no meterse en la trampa potencial que era la Torre Negra. Su razonamiento sobre no poder arriesgarse a un enfrentamiento, tenía sentido. Androl y su grupo debían afrontar sus problemas sin ayuda, a excepción de la de una Aes Sedai, otra cosa que me pareció que era importante en lo temático.

*En nuestro idioma, el duodécimo de la edición nueva: Los Asha’man

Quizá la decisión más controvertida que tomé con estas escenas (en lo que respecta al Equipo Jordan) fue hacer que la personalidad de Logain se tornara más sombría. A raíz de la larguísima tortura a que lo someten, pensé que Logain saldría de la experiencia como una persona diferente, si bien siempre había sido, en cierto modo, algo torvo. Algunos miembros del Equipo Jordan pensaban que eso ya había quedado atrás, pero yo discrepaba. Logain era un falso Dragón al que habían amansado y Sanado, el cabecilla de un grupo de hombres que se estaban volviendo locos y que debían lealtad a Rand, aunque sólo habían interactuado con él en contadas ocasiones. Tenía tanto que ofrecer este hombre que podríamos haber escrito toda una serie sobre él.

Yo deseaba que luchara con todo eso, la vida que llevó desde su captura al principio, cuando parecía que sería un títere que manejarían de aquí para allí. Tenía que decidir por sí mismo qué clase de Torre Negra iba a dirigir, si es que iba a alcanzar gloria y honor tal como había sido pronosticado. (Y no, eso aún no ha ocurrido al final de la serie.) Logain, que yo sepa, no renunció al poder ni una sola vez en la serie; siempre se lo arrebataron de las manos. En esta ocasión, tuvo la opción de elegir.

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Con esto acabamos las entregas de la retrospectiva. Espero que os haya gustado la tanda de entradas y que lo que se cuenta en ellas os haya parecido interesante o curioso.

Un saludo a todos.

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martes, 18 de febrero de 2014

Retrospectiva de LRdT (7) – B Sanderson

Aquí tenéis la séptima entrega de la retrospectiva de Brandon. En este penúltimo comentario, BS entra ya en temas relacionados con Un Recuerdo de Luz, y en esta ocasión habla sobre Egwene y Perrin. Una vez más, Brandon avisa que hay spoilers de toda la serie. De modo que… Aunque imagino que ya lo sabéis a estas alturas, repito una vez más: los que no hayáis acabado los libros, no leáis ninguno de los artículos encuadrados en el tema de la retrospectiva si no queréis llevaros una sorpresa por adelantado.

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: Un Recuerdo de Luz: Perrin y Egwene

30 de octubre 2013

Podéis ver una explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo en el enlace a las entradas previas sobre este tema. Aquí tenéis la séptima entrada. Antes de empezar, he de mencionar que en ésta hay spoilers de toda la serie, incluido el final. Si no habéis terminado, será mejor que lo hagáis antes de leer este artículo.

Un Recuerdo de Luz: Perrin y Egwene

Ahora llegamos a lo importante. La Última Batalla, el último libro de La Rueda del Tiempo.

Había tanto que meter en este libro que a veces me preguntaba si sería capaz de crear con ello una narración coherente. El peligro estaba en que, en lugar de eso, sonara como una sucesión de «Oh, eh, olvidé encadenar esto» y de cabos sueltos que van completándose uno tras otro. Muchas de esas cosas tenían que quedar enlazadas en la trama, pero era preciso que ocurriera de forma que conformara una historia.

Perrin

Cuando entré de lleno en este libro acababa de terminar Torres de Medianoche y puede decirse que estaba «flipado» con Perrin. Quería seguir escribiendo sobre él, así que me puse primero con su secuencia en el libro. Funcionó, hasta cierto punto. Me encantan las partes de Perrin en este libro. Sin embargo, hacia el final —y tras terminar los otros puntos de vista— nos dimos cuenta de que el libro tenía demasiado contenido sobre este personaje. Cortar la secuencia en la que Perrin viaja a través de los Atajos para intentar cerrar desde dentro la puerta que hay en Caemlyn era una forma de equilibrarlo. También se cortó porque Harriet opinaba que yo había retrocedido demasiado al volver a temas previos de la serie y retomar cosas que mejor era dejarlas como estaban y así poder enfocarnos en la Última Batalla. (Además, Maria creía que mis descripciones de los Atajos no encajaban en la historia.)

Era una secuencia de diecisiete mil palabras (y acababa con los Ogier rescatando a Perrin y compañía del Viento Negro, al que ahuyentaban con su canción). Me encantaba esa escena, pero a diferencia de la secuencia protagonizada por Bao (la escena eliminada que se tituló River of Souls para incluirla en la antología Unfettered), no se ajustaba al contenido del libro. No podía ocurrir por multitud de razones, y se descartó.

Por lo demás, Perrin terminó como yo quería que acabara. A muncha gente le sorprendió que lo sacara de la lucha durante un buen trecho de la Última Batalla, pero me pareció lo más apropiado. Los ejércitos combatientes eran terreno de Mat, y el enfoque de Perrin para el combate estaba en reunirse con Rand y protegerlo en el Sueño del Lobo. También estaban pasando muchas cosas a la vez, así que decidí dejarlo «en la reserva» intercalando su historia con la batalla durante una parte de la misma; y estoy contento con el resultado. Eso hizo que la lucha con Verdugo tuviera un efecto impactante cuando la trama se interrumpe dejando herido a Perrin.

Egwene

Había tres cosas en particular que hacían que la redacción del último libro fuera todo un reto. La primera era cómo plantear la lucha de Rand con el Oscuro de una forma que resultara interesante, «visual», y con fuerza. La segunda era cómo planear las tácticas a la gran escala de una batalla. La última tenía que ver con Egwene.

En sus notas, Robert Jordan era muy específico respecto al hecho de que Rand y Egwene tenían que llegar casi a las manos en cuanto a quién estaba al mando en la Última Batalla. Lo citaba como la gran unión de los ejércitos contra Rand, cuyas decisiones se consideraban demasiado radicales, demasiado peligrosas, para dejar que las llevara a cabo. Moraine debía ser la fuerza que uniera a ambos bandos, que unificara los ejércitos de la luz, y así cimentar su importancia mostrando por qué Mat tenía que rescatarla antes de la Última Batalla. (Había muchas instrucciones respecto a lo que Moraine debía decir y un buen trozo escrito sobre el encuentro en Campo de Merrilor.)

Para mí era una gran responsabilidad llevar a Rand y Egwene —haciéndolo con realismo— al punto en que el lector creyera que lucharían el uno contra el otro, o que al menos librarían la Última Batalla cada cual por su lado, sin cohesión; cosa que habría ocurrido de no ser por la intervención de Moraine. Hacerlo no era fácil. Teniendo un final en La tormenta con Egwene en pleno auge, me encontré dándole vueltas a cómo llevarla a lo largo de Torres de Medianoche y de Un Recuerdo de Luz a un conflicto de oposición con Rand sin ganarse la antipatía del lector debido a sus puntos de vista. Yo creía que lo que Egwene estaba haciendo era muy realista y acorde con la forma de ser de su personaje, pero también sabía que tomando las decisiones que tendría que tomar iba a provocar el enfado de algunos lectores con ella.

Al final, decidí que lo indicado era dejar que la gente se enfadara. La misma fuerza que había hecho que Egwene brillara en La tormenta también era la fuerza que la condujo a liderar a las Aes Sedai, y a convertirse realmente en una de ellas. La voluntad de las Aes Sedai contra el resto del mundo es uno de los temas principales de La Rueda del Tiempo y, sea cual sea vuestra opinión al respecto, es un tema consistente, al igual que lo son los personajes. Egwene estaba al frente de ellas. Sí, quería que fuera «cercana», pero también quería que resultara evidente que era Aes Sedai, y que no iba a permitir que otra persona controlara las decisiones respecto a cómo afrontar la Última Batalla.

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martes, 11 de febrero de 2014

Retrospectiva de LRdT (6) – B Sanderson

Por fin os traigo la sexta entrega de la retrospectiva de Brandon. También se centra en Torres de Medianoche, aunque en esta ocasión habla de las cosas que aprendió mientras escribía este libro. Una vez más, Brandon avisa que hay spoilers de toda la serie. De modo que… Aunque imagino que ya lo sabéis a estas alturas, por repetir que no quede: los que no hayáis acabado los libros, no leáis ninguno de los artículos encuadrados en el tema de la retrospectiva si no queréis llevaros una sorpresa por adelantado.

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: Torres de Medianoche: Lo que aprendí.

24 de octubre 2013

Podéis ver una explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo en el enlace a las entradas previas sobre este tema. Aquí tenéis la sexta entrada. Antes de empezar, he de mencionar que en ésta hay spoilers de toda la serie, incluido el final. Si no habéis terminado, será mejor que lo hagáis antes de leer este artículo.

Torres de Medianoche: ¿Qué aprendí?

Apuntar alto

Nunca he sido de los que eluden un reto. No obstante, tras el intento fallido de El camino de los reyes en el 2002, contemplaba con recelo abordar narrativas complejas con muchos puntos de vista. Torres de Medianoche resultó ser el libro a mayor escala que jamás había intentado hacer, con la mayor complejidad de puntos de vista, el mayor número de escenas relevantes y diferentes que compaginar, y los modos más ambiciosos de narrativa. Creo que el viaje de Aviendha a través de las columnas de cristal fue lo más audaz que presenté al Equipo Jordan, y también una de las cosas sobre las que se mostraron más escépticos. El equilibro de Perrin entre acción e inactividad corría el riesgo de que el personaje cayera en la pasividad.

Por entonces, mientras trabajaba también en Torres de Medianoche, estaba escribiendo la nueva versión de El camino de los reyes. Dudo que vuelva a estar nunca tan atareado como lo estuve a lo largo de aquellos dos años, abordando al mismo tiempo los dos libros más extensos de mi carrera. No obstante, durante ese tiempo entré en una fase de mi estilo de escribir en la que algo hizo “click” y encajó, algo relacionado con la siguiente etapa de mi carrera como escritor. Siempre había querido dominar la épica compleja; mis relatos favoritos de toda la vida se ajustaban a ese modelo. Sin embargo, antes de esto yo había hecho pocas novelas posteriores a una trama principal, y Torres de Medianoche fue la continuación más complicada que seguramente haré jamás.

Aprendí muchísimo sobre mí mismo durante dicho periodo, y los resultados se reflejan en las páginas de esos dos libros, Torres de Medianoche y El camino de los reyes.

Profundidad del punto de vista

Trabajar en Mat hizo que cayera por la proverbial boca de la madriguera del conejo* mientras estudiaba —literalmente— cómo un maestro abordaba la utilización del limitado punto de vista en tercera persona. Siempre he respetado la capacidad de Robert Jordan para imprimir carácter al relato a través del punto de vista. (Con esto me refiero a su habilidad para mostrar cómo piensa y siente un personaje por la forma en que describe el mundo mientras el lector lo ve a través de sus ojos.) Mat cambió mi perspectiva de cómo escribir narrativa y cómo hacer que los personajes estén vivos más allá de las palabras escritas sobre ellos.

*(Supongo que se referirá a lo que le ocurre a Alicia en el país de las maravillas, jejeje… Gracias, segundo.)

Cuando me preguntan cuál es, en mi opinión, el mayor talento de Robert Jordan, no respondo que sea saber crear un mundo o manejar con destreza una narrativa compleja, si bien ésas son dos áreas en las que sobresale. No. Lo que contesto, de lo que hablo, es sobre los puntos de vista de los personajes. Si hay algo que yo querría aprender de Robert Jordan es cómo conseguir esto, cómo hacer que el lector perciba la cultura, la historia y el temperamento de un personaje, así como su estado emocional en ese momento, por la forma en que describe las cosas corrientes del mundo que lo rodea.

Me parece que he mejorado en eso. Pero es una de las cosas que creo que voy a tener que trabajar a lo largo de toda mi carrera.

Sutileza acrecentada

Me gustan las novelas en las que hay muchos hilos diferentes, algunos ocultos, que se entrelazan hacia una conclusión sorprendente. Éste es un componente en el que, en su mayor parte, he hecho un buen trabajo en el pasado. El hecho de trabajar en La Rueda del Tiempo, no obstante, hizo que pudiera percibir el toque de Robert Jordan bajo nuevos enfoques, y ver cuán delicado podía ser con algunos de sus argumentos y caracterizaciones. Me preocupa que a veces resulte machacón en exceso respecto a los objetivos, el contexto y las motivaciones de un personaje. Se debe a que creo que un personaje con motivaciones bien definidas es uno de los sellos de un relato escrito con firmeza.

Sin embargo, creo que tengo que aprender a ser más sutil, y La Rueda del Tiempo me ha enseñado muchísimo al respecto. La delicadeza de Robert Jordan a la hora de abordar la relación entre Thom y Moraine es un buen ejemplo. Con todo, otros personajes también destacan; Pevara es uno de esos ejemplos. Los indicios sutiles respecto a que algunas de las Asentadas elegidas eran demasiado jóvenes es otro ejemplo de su sutileza. No es algo importante en el gran esquema del conjunto. No obstante, los pequeños detalles como ése son los que hacen que un mundo esté vivo más allá del papel. Es algo que creo que he aprendido gracias a este proyecto, lo que no implica necesariamente que sepa cómo conseguirlo (veremos si puedo), sino cómo identificarlo e incorporarlo.

Torres de Medianoche: ¿Qué hice mal?

Soy el culpable de muchos errores pequeños, aunque no hay tiempo para hablar de la mayoría de ellos. Sin embargo, el fallo más grande en mi redacción de Torres de Medianoche ha de ser la cronología.

Todos mis libros* han sido básicamente cronológicos. En Elantris había una narrativa fuera de lo común con grupos de tres capítulos que ocurrían al mismo tiempo, pero la mayoría de mis otras obras tenían una progresión regular sin apenas saltos atrás y adelante en la línea temporal para diferentes personajes.

*(Se refiere a los escritos por él como único autor.)

La Rueda del Tiempo, empero, sí da un montón de saltos de aquí para allá, sólo que uno no lo nota porque Robert Jordan manejaba muy bien los hilos temporales. El hilo de Mat podía progresar a cierto ritmo, y cuando el lector saltaba a Perrin lo hacía hacia atrás o hacia delante en el tiempo. Quienes deseaban buscar pistas, podían descubrir y desarrollar un hilo temporal utilizando las fases de la luna u otro tipo de indicios. Pero quienes no querían fijarse en eso nunca encontraron incongruencias perceptibles que los desorientaran.

Cuando dividimos el libro en tres partes, algunas cosas de los hilos temporales quedaron demasiado descolocadas, carentes de sincronización. Al final de Cuchillo de sueños, los puntos de vista se encontraban en cierto modo faltos de sincronización, como solía hacer a menudo Robert Jordan. Yo no tenía la menor experiencia en manejar algo así, y en Torres de Medianoche metí la pata. No es que el hilo temporal esté embarullado; de hecho, está bastante bien teniendo en cuenta todas las cosas. Sin embargo, nos cuesta trabajo captarlo. Debido a que los personajes interactúan entre hilos temporales, da la sensación de estar en dos sitios a la vez (Tam, por ejemplo), aunque todo funcionó en cuanto a la narrativa.

Lo cual condujo a crear momentos confusos para los lectores. El señor Jordan hacía cosas así sin ocasionar distracciones; tampoco supe manejar bien esto y, debido a ello, creo que el libro sufrió las consecuencias. Espero haber mejorado, pero para mí fue esclarecedor cuando salió Torres de Medianoche y la gente mencionó que estaba hecha un lío. Ni siquiera vi el posible problema hasta que el libro se publicó.

(Continuará.)

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lunes, 27 de enero de 2014

Retrospectiva de LRdT (5) – B Sanderson

Ya tenéis traducida la quinta entrega de la retrospectiva de Brandon. Esta vez se centra en el proceso de escribir Torres de Medianoche. De nuevo, Brandon avisa que hay spoilers sobre toda la serie. De modo que ya sabéis… Los que no hayáis acabado de leer los libros, no leáis ninguno de los artículos encuadrados en el tema de la retrospectiva si no queréis tener sorpresas por adelantado. Pasado el meridiano. Sólo quedan tres.

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: Torres de Medianoche: Proceso de redacción

22 de octubre 2013

Podéis ver una explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo en el enlace a las entradas sobre este tema. Aquí tenéis la quinta. Antes de empezar, he de mencionar que en ésta hay spoilers de toda la serie, incluido el último libro. Si no habéis terminado, será mejor que lo hagáis antes de leer este artículo.

Torres de Medianoche: Proceso de redacción

Una razón por la que decidí escribir primero sobre Rand y Egwene fue porque sabía que este libro —y el hilo de Perrin en particular— iba a ser el más peliagudo respecto a los cuatro puntos de vista principales de la trama. De los cuatro protagonistas, tenía la sensación de que Perrin era el que debía evolucionar más. De hecho, tenía que evolucionar tanto como había hecho Rand, pero sin que resultara tan evidente. El hundimiento de Rand era el resultado de la presión que multitud de fuerzas ejercían sobre él amenazando con aplastarlo. Se vio arrastrado a ese punto límite en el que estaba porque sus conflictos personales se acrecentaron cien veces más por las circunstancias extremas de su vida. Se desmoronó en su desesperado
intento de descubrir lo que era correcto hacer.

Perrin era distinto. Tenía importantes inhibiciones a las que rehuía enfrentarse de manera sistemática y, en muchos aspectos, de los personajes principales era el que estaba más lejos de llegar a lo que tenía que ser. La transformación de Rand había sido más dramática, pero la de Perrin era tan necesaria como la de él.

Cabe señalar que mi impresión era —tanto por los apuntes como por mis lecturas de la serie— que Mat estaba básicamente donde Robert Jordan quería que estuviera. Eso no cambió siquiera después de que me replanteara el personaje de Mat e intentara arreglar la «imagen» que yo le había dado. Lo cual no significa que Mat esté acabado como personaje, sólo que estaba donde el señor Jordan quería que estuviera para la Última Batalla. Mat iba a tener todo un libro para él en la serie de novelas posteriores a la trama principal de la obra, y parte de la evolución de su personaje estaba reservado para esa novela. (Recordad que dichos libros no se van a escribir.)

Al personaje de Egwene aún había que desarrollarlo un poco más, pero casi estaba terminado. En La tormenta había afrontado los retos más cruciales de su trayectoria, pero en Cuchillo de sueños Robert Jordan la había llevado al punto en que debía encontrarse, y en los apuntes para Un recuerdo de Luz había indicado de manera específica cómo tenía que evolucionar. Era más una cuestión de utilizar los enfrentamientos en la Torre Blanca para poner de manifiesto cosas que ella ya había aprendido, y demostrar de una vez por todas en qué persona se había convertido.

En cuanto a otros personajes, Elayne estaba donde debía estar, pero no ocurría lo mismo con Avi. (A su personaje todavía le quedaba mucho que desarrollar.) En mi opinión, Nynaeve había alcanzado ya la culminación de su personaje, al igual que Min. Al menos es como yo lo he entendido, cosa que se refleja en los distintos arcos argumentales de los personajes.

Perrin

Perrin es mi personaje preferido de la serie, y lo ha sido desde mi adolescencia. Al igual que muchos lectores, me sentí frustrado por sus decisiones en los últimos libros, aunque el escritor que hay en mí admiraba la destreza con que Robert Jordan encarrilaba al personaje. Los problemas a los que Perrin se enfrentaba (a veces con poco acierto) ponían de relieve la incómoda relación que tenía con los lobos, su renuencia a darse un respiro, y su capacidad para volcarse tan completamente en un cometido que todo lo demás dejaba de existir para él. (Como ya he dicho, creo que ésa es una de las cosas más significativas que hicieron que sintiera afinidad con Perrin durante todos esos años. De los personajes principales, sólo él es un artífice. Sin embargo, lo es como yo: un constructor centrado en un proyecto. Un artesano.)

Aunque quería ir con cuidado para no pasarme con el concepto, una de mis metas en estos últimos libros era retomar las ideas y los conflictos de los primeros volúmenes creando paralelismos y haciendo hincapié en la naturaleza cíclica de La Rueda del Tiempo. Una vez más, eso era peligroso. No quería que estos libros se convirtieran en una serie de bromas privadas, homenajes y repeticiones.

Sin embargo, hay pasajes en los que no sólo era apropiado, sino vital, que volviéramos a esos temas. Me pareció que uno de dichos pasajes era el concerniente a los Capas Blancas y Perrin, en especial lo relacionado con los dos Hijos de la Luz a los que mata durante el enfrentamiento que tiene lugar en el primer libro. Ésa era una secuencia complicada de hilar. Yo quería que Perrin pusiera de manifiesto su liderazgo de forma distinta a Rand o Egwene. Robert Jordan dejó instrucciones para que Perrin se convirtiera en rey, y me encantó este arco argumental. Pero al empezarlo con los Capas Blancas me arriesgaba a mostrar un Perrin débil y pasivo como personaje. De todas las secuencias de los libros, con ésta fue con la que bregué más, sobre todo a causa de mis propias aspiraciones, objetivos y sueños de lo que deseaba que Perrin llegara a ser.

De los cuatro hilos principales, el suyo es mi favorito por dichos motivos.

En ese libro tenía otros objetivos para Perrin. Pensé que sus experiencias en el Sueño del Lobo tenían que reanudarse y avanzar hacia un clímax final en la Última Batalla. Lo cual significaba retomar la confrontación con Verdugo, la antítesis del reflejo de Perrin con su naturaleza dual. Yo quería resaltar la forma instintiva que tiene Perrin de utilizar sus poderes en contraste con el uso de poder reflexivo y ejercitado que representa Egwene. Algunos lectores han preguntado si creo que Perrin es mejor que Egwene en el Tel’aran’rhiod. No lo es, a pesar de la escena en la que desvía el fuego compacto. Representan las dos caras de una moneda: instinto y aprendizaje. En algunos casos Perrin será más competente, y en otros, Egwene resplandecerá.

La forja del martillo, la muerte de Saltador y la herida que recibe Perrin en la pierna (que es mitológicamente significativa)* estaban en mi plan narrativo para él desde el principio. No obstante, urdir unas escenas con otras conllevó darse muchos cabezazos contra la pared. También quería que las interacciones de Perrin con la Filosofía de la Hoja tuvieran trascendencia, y crear un buen entendimiento entre Galad y él; según mi interpretación de los personajes, creí que cabía la posibilidad de que acabara surgiendo entre ellos una amistad hasta entonces inconcebible.

*Buscad al Rey Pescador de las leyendas artúricas.

De todas las secuencias de las tramas principales de los libros, fueron las de Perrin en las que tuve más libertad, aunque también había un mayor peligro de desviarme demasiado de la perspectiva de Robert Jordan sobre dónde debería estar el personaje. Casi todas sus instrucciones para Perrin estaban enfocadas hacia la persona que Perrin sería tras la Última Batalla, con escasas directrices —o ninguna— respecto a cómo llevarlo hasta allí. Perrin estaba enteramente en mis manos, y quería ir con muchísimo cuidado a la hora de conducir a mi personaje favorito hacia el final.

Por cierto, quería señalar que la interacción de Verin con Egwene en La tormenta fue la mayor sorpresa que me llevé con los apuntes. La segunda gran sorpresa fue el compromiso de Thom y Moraine. Robert Jordan escribió esa escena, y me dejó pasmado al leerla. (Como ya he dicho con anterioridad, aunque me gustaban los libros y los había leído, hay muchísimos lectores que son seguidores más entusiastas que yo, y a ellos eso no los pilló por sorpresa.) Yo no había pillado los indicios sutiles de una relación entre los dos hasta que releí la serie después de que me entregaran los apuntes.

Mat

Robert Jordan había escrito bastante sobre la trama de Mat y dejó instrucciones para gran parte del resto. Mi reto con Mat en este libro, pues, no era completar su hilo argumental —que era bastante bueno— sino hacer mi trabajo mejor que en el libro anterior.

Para conseguirlo, volví a lo escrito por Robert Jordan. Esta vez, diseccioné a Mat y lo estudié como un artesano estudia su obra. Vi una profundidad de narrativa interior que no se parecía a nada de lo que había analizado hasta entonces. De todos los personajes de La Rueda del Tiempo, Mat es el narrador menos fiable. Y es que, a veces, lo que piensa, lo que siente y lo que hace son cosas muy distintas. Su narrativa está repleta de pullas socarronas y de frases tremendamente perspicaces, aunque de hecho son relativamente pocas las que salen de sus labios. A menudo ocurre que, cuanto más intenta hacer algo, peor termina la cosa para él. Mat saca lo mejor que hay en él cuando se deja guiar por su instinto, diga lo que diga su monólogo interno.

Todo lo cual hace que resulte muy difícil escribir sobre él, y es la razón de que mi instinto inicial sobre cómo hacerlo fuera erróneo. Creo que para muchos lectores de La Rueda del Tiempo Mat es la gran sorpresa de la serie. El colega a veces socarrón, aunque a menudo gruñón, de los dos primeros libros, se transforma en una combinación excepcional de genialidad que no he encontrado en ninguna otra historia.

Creo que mi intento de escribir el personaje de Mat en Torres de Medianoche es mucho mejor que el de La tormenta, aunque no estoy seguro de haberlo reflejado como es debido hasta Un Recuerdo de Luz. Sé que algunos seguidores no estarán de acuerdo en que lo haya hecho bien en ninguno de ellos, pero me siento complacido —y a gusto— con el Mat de los dos últimos libros. Aunque, por supuesto, ha ayudado el hecho de tener instrucciones más detalladas de Robert Jordan para el desarrollo de Mat en esos volúmenes.

(Continuará.)

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domingo, 19 de enero de 2014

Retrospectiva de LRdT (4) – B Sanderson

Seguimos con la retrospectiva de Brandon. Esta vez la cuelgo antes porque tenía unos párrafos traducidos la semana pasada y estos días, a ratos, la he terminado. La cuarta entrada también está relacionada con La tormenta, y aquí habla de lo que aprendió en el proceso de escribirla y de lo que no hizo bien.

Ya no tendré que advertir sobre los posibles spoilers si leéis estas entregas porque, a partir de ésta, Brandon avisa que los hay sobre toda la serie. De modo que ya sabéis, será mejor que no leáis ninguno de los artículos encuadrados en el tema de la retrospectiva. Y son ocho en total. ¡Ya llegamos a la mitad!

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: La tormenta: ¿Qué aprendí?

17 de octubre 2013

Podéis ver una explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo en el enlace a las entradas previas sobre este tema. Aquí tenéis la cuarta entrada. Antes de empezar, he de mencionar que en ésta hay spoilers de toda la serie, incluido el último libro. Si no lo habéis terminado, será mejor que lo acabéis antes de leer este artículo.

La tormenta: ¿Qué aprendí?

Es obvio que lo que aprendí tiene que ver con hacer malabares con tantas tramas secundarias. Sólo había hecho un intento a ese nivel de complejidad en toda mi vida con el primer borrador de El camino de los reyes. (Escrito entre 2002 y 2003, era muy diferente de la versión que publiqué en 2010, que estaba reconstruida de principio a fin y escrita por segunda vez desde la primera página.) El libro presentaba grandes problemas, y pensé por aquel entonces que se debía a la inexperiencia en hacer malabarismos con aquella multitud de puntos de vista. Desde entonces, mi consejo a los escritores noveles: es una trampa potencial añadir complejidad a causa de muchos puntos de vista cuando el libro no lo requiere. Muchas obras épicas que nos encantan de este género (La Rueda del Tiempo y Canción de Hielo y Fuego incluidas) empiezan con un pequeño grupo de personajes —muchos de la misma localidad— antes de dividirse en aventuras mucho más numerosas y con un incremento de puntos de vista.

No podía permitirme el lujo de que eso siguiera dándoseme mal. Por suerte, finalizar la trilogía de Nacidos de la bruma me había enseñado mucho respecto a hacer malabarismos con los puntos de vista de personajes. Me sentía más capaz de abordar la tarea de La Rueda del Tiempo separando puntos de vista para organizarlos en una novela y hacer que mantuvieran un ritmo narrativo entre sí a fin de que se complementaran, en lugar de distraer o confundir al lector.

El otro punto importante que creo que he conseguido trabajando en este libro es una mejor comprensión de mi método para desarrollar un guión. Como ya he dicho anteriormente en otras entradas, parece que Robert Jordan fue más un escritor del tipo «descubridor» que un autor de guión; yo soy lo contrario. Trabajar en La tormenta me obligó a tomar todos esos apuntes y fragmentos de escenas para construir una historia coherente con ellos. Funcionó sorprendentemente bien. De algún modo, mi propio método se fundió de forma perfecta con el reto de crear un libro de todas esas partes. (Lo cual no significa que el libro fuera perfecto; sólo que mi método se adaptó de un modo natural al reto de desarrollar esas novelas.)

Asimismo hay un montón de cosas pequeñas. La meticulosidad de Harriet con la edición de líneas argumentales me enseñó a ser más específico en la elección de palabras. Las contribuciones inestimables de Alan y Maria me descubrieron la importancia de tener auxiliares que ayuden en proyectos de esta envergadura, y me mostraron cómo hacer mejor uso de tal ayuda. (Eso fue algo que empecé a hacer mal; mis primeras peticiones para Alan y Maria fueron que reunieran cosas que nunca llegué a necesitar, por ejemplo.) Adquirí un nuevo y enorme respeto por el fandom de La Rueda del Tiempo, y creo que llegué a comprender a los seguidores —en especial a los muy entusiastas— un poco mejor. A cambio, esto ha conformado la interacción entre mis propios lectores y yo.

También descubrí que mi modo de crear personajes —que es la parte del proceso de escribir que practico más como un autor “descubridor”— podía traicionarme. Como se hace patente a continuación.

La tormenta: ¿Qué hice mal?

Mi modo de abordar el personaje de Mat ha sido divisivo entre los seguidores de La Rueda del Tiempo. Un gran número cree que no supe reflejarlo en La tormenta. Hay un número similar de aficionados que me han dicho que les gusta mi Mat más de lo que les gustaba en los libros anteriores. Por desgracia, que esos últimos seguidores afirmen tal cosa demuestra que los primeros tienen razón. La gente no viene a decirme: «Me gusta tu Perrin» o «No me gusta tu Perrin». Tampoco lo dicen de Rand, Egwene, o cualquiera de los otros personajes principales. Y a pesar de que sin duda habrá aficionados que piensan así sobre esos personajes, no se da una opinión consensuada al respecto entre un amplio número de seguidores, como ocurre con la de que Mat era DIFERENTE en La tormenta. A los que les gusta más, probablemente sean quienes prefieren la forma en que retrato a un personaje pícaro como opuesta a lo que Robert Jordan hacía. No significa que Mat sea mejor, sólo que lo he escrito de forma diferente, y en cuanto surge algo diferente, algunos preferirán cambiar a esa última versión. (¡Incluso hay gente que prefiere la «Nueva Coca»!)

No es mi intención menospreciar la opinión de quienes creen que Mat estaba genial en La tormenta. Me alegra que os gustara, y opino que hay algunos fragmentos excelentes en las partes escritas bajo su punto de vista. Sin embargo, creo que me equivoqué y las críticas son pertinentes. Si examinamos el Mat de Robert Jordan y lo que yo escribí, existen algunas diferencias sutiles por las que a un número considerable de lectores les pareció que Mat estaba mal escrito. (Jason Denzel, que es un buen amigo, fue el primero en indicármelo; no de mala fe, sino con franqueza. Su comentario fue algo parecido a: «Creo que tu enfoque de Mat se asemeja al Mat de los primeros libros.» Fue un modo muy educado de decirme que mi Mat carecía de la profundidad de la caracterización del personaje adquirida a lo largo de los últimos libros de la serie.)

Mi Mat no fue un intento de enmendarlo o cambiarlo; la sensación de que Mat no «suena» a Mat la cree yo confiando en mi instinto y, en este caso, me equivoqué. Veréis, como he dicho con anterioridad, yo desarollo personajes al estilo “descubridor”. Escribo un punto de vista y después juzgo si la cosa suena bien. Lo intento de nuevo, cambiando el modo en que los personajes reaccionan y piensan, hasta que llego a percibir esa sensación. Es como hacer interpretar el mismo papel a diferentes actores, y lo hago de forma deliberada; creo que existe un riesgo en perfilar tanto, como es mi caso. El riesgo es dejar a los personajes como si estuvieran envarados, como si se limitaran a representar papeles en una trama. (En mi opinión, muchas obras de suspense, que es un género basado en tramas minuciosamente argumentadas*, tienen ese problema.)

*Se trata de un método en el que cada elemento de la narración es necesario e irreemplazable; todo lo demás, se quita.

Para combatir eso, dejo que mis personajes se desarrollen de un modo más natural. Les permito saltarse la línea argumental, y luego reviso la trama para que encajen con la gente en la que se están convirtiendo. A menudo lo hacen así, pero casi siempre en pequeñas cosas; por lo general, mi método de asignación de roles encuentra la persona correcta para la trama y eso ya no necesita más revisiones importantes a medida que se desarrolla.

Sin embargo, he leído La Rueda del Tiempo una y otra vez y nunca me pareció que la imagen que tengo de Mat estuviera influenciada en gran medida por sus apariciones en los libros uno y dos. El colega granuja. A pesar de que algunas de mis partes favoritas de la serie son sus últimas apariciones, en las que gana muchísima personalidad (si bien eso empezó ya en el libro tres), le asigné un papel equivocado en estos libros, y simplemente lo escribí mal. Era una versión de Mat, y no creo que sea un desastre, pero sí que está mucho más lejos de tener su caracterización correcta de lo que lo están los otros personajes.

Lo interesante de todo esto, aunque es el mayor error que cometí al escribir La tormenta, es que también es una de las cosas que más me han enseñado. Mi profundización en el punto de vista para el siguiente libro se convirtió en una de las experiencias de aprendizaje más grandes que he tenido hasta ahora en mi carrera.

(Continuara.)

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domingo, 12 de enero de 2014

Retrospectiva de LRdT (3) – B Sanderson

Por fin cuelgo la tercera entrega de esta retrospectiva. He conseguido sacarla hoy porque no me había dado cuenta de que no tenía separada la tercera de la cuarta, y por eso me parecía larguísima. De todos modos, es extensa. Seguimos, pues, con la retrospectiva de Brandon. Esta entrada trata sobre el proceso de redacción de La tormenta. Insistiré de nuevo en que quienes no hayáis leído toda la serie, incluido el último libro, si queréis evitar spoilers será mejor que no leáis lo que viene a continuación.

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: La tormenta: Proceso de redacción.

15 de octubre 2013

La explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo la tenéis al principio de mi primera entrada, que trataba sobre los apuntes, y mi segunda entrada respecto al proceso. Aquí tenéis la tercera.

La tormenta: El proceso de redacción

Me metí en serio con el proyecto en el verano y el otoño de 2008. Enseguida me percaté de que eran muchas las cosas que habría de tener en cuenta si escribía de forma rigurosamente cronológica, como por lo general solía hacer antes. Para este proyecto, tenía que coger grupos de personajes, memorizar toda la información que hubiera sobre ellos (como si cargara un programa en memoria RAM) y dedicarme a escribir durante semanas sobre ese grupo de forma exclusiva. De ese modo, podría seguir la pista a las «voces»(*) de los numerosos personajes y continuar con las abundantes sub-tramas.

(*) Se refiere a la técnica de redactar cada capítulo o partes de capítulos según el punto de vista de un personaje.

Lo más difícil de este proyecto, creo, fue seguir la pista a las sub-tramas y las voces. Lo cual no es de extrañar; aunque había leído La Rueda del Tiempo muchas veces, no era un superfan. Me gustaba la serie, pero no me contaba entre la gente que creaba sitios, wikis y cosas por el estilo para La Rueda del Tiempo. Leí los libros para estudiar la técnica de escritura y para disfrutar con la historia; no dedicaba mucho tiempo en seguir la pista de qué Aes Sedai secundaria era cuál.

Pero ya no podía seguir siendo poco riguroso respecto a eso; tenía que conocer a todos y cada uno de los personajes. Parte de la genialidad de Robert Jordan radicaba en la personalidad individual de todos esos personajes secundarios. De modo que empecé a partir en secciones el último libro (que por entonces aún era una novela única en mi mente). Lo dividí en cinco partes. Cuatro de ellas —una para Rand, una para Egwene, una para Mat y una para Perrin— serían las que impulsarían esas cuatro tramas principales hacia el final. Y transcurrirían, más o menos, de forma simultánea. Así pues, la quinta parte —la inmediatamente anterior a la Última Batalla y también la propia batalla— sería la quinta sección.

Para mí fue evidente desde los primeros esbozos del proyecto que iba a escribir un libro enorme. Era muy consciente de lo que Robert Jordan había dicho sobre el último volumen; podéis encontrar citas en Internet en las que prometía que sería tan extenso que los aficionados iban a necesitar una carretilla para llevárselo de las librerías. (*) Me tomé eso muy en serio, pero sabía que eran pocas las posibilidades de que Tor me permitiera escribir un volumen tan grande sin dividirlo.

(*) En Los Espejos de la Rueda hay una entrada sobre un artículo publicado por la revista Forbes de una entrevista a RJ, donde se lee, entre muchas otras cosas:

“Los admiradores están esperando pacientemente el libro número 12, A Memory Of Light, que Jordan prometió sería el último, incluso si llega a alcanzar las 2.000 páginas. "He dicho a la gente que podrían necesitar una carretilla elevadora para sacarlo por la puerta", decía Jordan, hablando por teléfono desde su casa en Carolina del Sur.”

De hecho, a finales de 2008 a Tor le llegó la noticia de que yo había hablado a Harriet de un libro de dos mil páginas. Creo que fue en enero 2009 cuando Harriet me llamó para indicarme que dividiera el libro. Estaba preparado para esa petición. Lo primero que le dije fue: «Todavía sigo viendo este libro como un único tomo, y me gustaría intentar que se imprimiera en un volumen si hay alguna posibilidad.» Ella le transmitió mis razonamientos a Tor, y sostuvo una larga conversación con Tom Doherty. Cuando habló de nuevo conmigo, dijo que la editorial aconsejaba firmemente hacer una partición.

Todavía no estoy seguro de lo que habría ocurrido si Robert Jordan hubiera intentado no dividirlo. Quizás Harriet lo habría persuadido de que las realidades de la edición hacían imposible imprimir un libro tan extenso. Sea como fuere, creía haber planteado un razonamiento todo lo contundente que estaba a mi alcance; y comprendí, a pesar de mi deseo de ver el libro como un único volumen, tal como Robert Jordan lo había concebido, que habría que descartar partes muy importantes de la trama o tendría que acceder a dividir la novela.

Opino que tomamos la decisión correcta. Tres libros me daban la oportunidad de profundizar realmente en el proyecto, no como una obra aislada, sino como un proceso. Cortar tramas principales habría convertido el último libro en una intentona precipitada que me exigiría pasar por alto varios hilos importantes. Sin embargo, la partición del borrador creó algunos problemas sobre los que hablaré en la entrada referente a Torres de Medianoche.

Cuando Harriet me pidió que dividiera el libro, me consultó si había en el argumento un punto natural de un antes y un después. Le dije que partirlo en dos no funcionaría, pero que quizás en tres sí. Yo no tenía la impresión de que Un Recuerdo de Luz funcionara como dos volúmenes. Mirando mi borrador y lo que tenía que conseguir, dividirlo en dos libros significaría o tener uno muy largo y otro de tamaño normal, o dos divididos equitativamente. Ambas opciones habrían sido engorrosas. La primera porque hacer un libro de La Rueda del Tiempo de doble tamaño habría planteado los mismos problemas que imprimir la novela original de dos mil páginas. En términos de edición, mil quinientas páginas no son una opción mejor. Con mil, como algunos de los libros de La Rueda, ya fuerza esos límites.

La segunda opción —dos libros de mil páginas cada uno— era incluso un problema mayor. Si cortábamos por la mitad, tendríamos la primera media parte de las cuatro tramas principales a las que hacía referencia al principio, pero sin que ninguna de ellas tuviera su momento culminante. Escribir una novela como un libro que sea una mera preparación y que la mayoría de los desenlaces tengan lugar en el siguiente, era un experimento que Robert Jordan ya había probado y había hablado de los problemas que presentaba.

Por el contrario, yo tenía la impresión de que dividir el libro en tres volúmenes nos permitiría concluir tramas en cada uno de ellos. De hecho, serían dos en La tormenta y dos en Torres de Medianoche, que conducirían a la apoteosis final de Un Recuerdo de Luz. Así que me puse a separar los hilos argumentales y decidí qué iría dónde.

Para empezar, sabía que los aficionados verían con escepticismo que yo me hiciera cargo del proyecto, y sabía que su escepticismo sería mayor cuando anunciara la división en tres volúmenes. Lo cual significaba que yo quería sacar las tramas más dinámicas en el primero. (Tenía la certeza de que el final generaría su propio libro, y nunca temí que no fuera lo suficientemente dinámico.) Además, quería separar las cuatro partes —Rand, Egwene, Mat, Perrin— de forma que al menos tuviéramos en cada libro una en la que Robert Jordan hubiera trabajado bastante. Había mucho menos material acabado sobre Rand y Perrin que sobre Mat y Egwene. Por lo tanto, tendría que ser Rand-Egwene o Perrin-Mat para el primer libro.

Enseguida fue evidente que tenía que empezar con Rand-Egwene. Ambos eran reflejos opuestos en cosas muy interesantes, por ejemplo la narrativa descendente de Rand y la narrativa ascendente de Egwene. Mientras que Rand era introspectivo, el arco argumental de Egwene rebosaba acción, y viceversa. Aunque de los cuatro hilos narrativos de personajes mi preferido era el de Perrin, notaba que el suyo requería mucho desarrollo y menos argumento directo a medida que nos acercábamos al clímax de su parte. También decidí que las distintas tramas funcionarían bien reservando para el segundo libro parte de lo que Rand y Egwene estaban haciendo, pero no me fue tan fácil conseguir lo mismo en el caso de Perrin-Mat.

En mi mente se estaba creando un libro. El poder absoluto de Rand conduciéndolo hacia la destrucción, y la específica falta de poder de Egwene elevándola hacia la reconstrucción de la Torre Blanca. Necesitábamos una parte de Mat —no quería que no apareciera en el libro— así que Hinderstap fue una creación mía que desarrollé después de que Harriet me pidiera que fuera «más inquietante y espeluznante» con relación a las burbujas malignas que aparecían en el libro.

Egwene

Fue absolutamente delicioso trabajar en el arco argumental de Egwene. De todas las cosas que Robert Jordan había estado creando para este último libro antes de morir (incluido el último capítulo), creo que ésta era la que estaba conformada con más plenitud. El ascenso de Egwene y el ataque de los seanchan estaban en perfecta consonancia con el estilo clásico de La Rueda del Tiempo, y fui participe de ello de una manera especial trabajando con sus apuntes e instrucciones para elaborar las líneas argumentales exactamente como sentía que él las había imaginado.

Un cambio importante que hice fue dividir en dos escenas distintas la parte de la cena de Egwene y Elaida, en lugar de hacer sólo una. Estaba convencido de que ese ritmo de la acción funcionaría mucho mejor, además de que también la secuencia de Rand se complementaba mejor con lo que acontece en la primera cena, cuando Egwene recibe la orden ir a ocuparse de otros quehaceres, y luego una segunda cena en la que podría hacer que Egwene saliera victoriosa sin tener siquiera que encauzar.

En la secuencia de Egwene hice un verdadero trabajo en común con Robert Jordan. En otros sitios, introducía escenas que él había escrito. En muchos otros, al no disponer de instrucciones me dejaba llevar por el instinto. De Egwene tenía una mezcla de explicaciones de escenas, escenas escritas, y llamadas de P&R de Robert Jordan que me producían la sensación de estar trabajando directamente con él para desarrollar la secuencia. Si queréis ver todo un hilo argumental en los libros que en mi opinión es el que más se asemeja a lo que él habría hecho de haber podido, os sugeriría el de Egwene en La tormenta. (Y lo que es más: la mayor parte de lo que tenemos sobre ella se debe a sus indicaciones, incluso los sucesos que conducen —e incluyen— Merrilor.)

Rand

Al abordar este proyecto, una de mis metas personales —si la serie lo permitía— era dedicar más tiempo a los personajes principales, en especial a Rand. Me encantan los libros centrales, con la exploración de otros hilos y personajes, pero el primer libro nos presentaba a Rand, Perrin, Mat y Egwene como nuestros personajes principales. Y creo que, por mor de la verdadera esencia de La Rueda del Tiempo, lo que debía hacerse era volcar de nuevo la atención en ellos en los últimos libros. Pienso que Robert Jordan habría hecho lo mismo.

Rand tenía que ser el centro de las tres novelas. Dándole vueltas a cómo conseguirlo, volvieron a mi memoria cosas que había sentido cuando leí por primera vez Camino a Tear y El Pueblo del Dragón (El Dragón Renacido, edición antigua). La angustia del personaje de Rand me impactó, y pensé: «Es imposible que pueda desmoronarse más, que se vea forzado a soportar más de lo que le ha pasado aquí.» Los libros que siguieron me dieron la razón.

Entonces leí El Señor del Caos y Los Asha'man. Esos libros te parten el corazón. Me dejó pasmado que pudieran hundir más a Rand. Cosa que se acrecienta en los siguientes libros, en los que tiene que cargar con más y más cosas. Sin embargo, los momentos difíciles de esos dos libros son los que perduran en mi recuerdo como los más duros. Recuerdo que pensé: «Sin duda hemos tocado fondo.»

Por eso, en La tormenta tenía que intentar lograr lo que Robert Jordan había conseguido hacer dos veces. Tenía que llevar a Rand a un declive mayor de lo que el lector había asumido, esperado o, incluso, creído posible. En parte, esto se debía a tener que acabar los hilos argumentales que Robert Jordan había establecido, y en parte por su amor al monomito (término acuñado por Joseph Campbell) y el viaje del héroe campbelliano, pero sobre todo porque era lo que me parecía apropiado. Los momentos más bajos de Rand en la serie tenían que preceder a, por decirlo de algún modo, su redención.

Esto también me ofreció una interesante oportunidad narrativa. En su hilo argumental, tanto el declive de Rand, así como la decisión que toma en el Monte del Dragón, e igualmente sus siguientes actos como el Dragón Renacido, todo ello habría ocurrido en un único volumen. Al dividir los libros podía situar la primera parte en un libro, y después hacer que sus actos en el segundo libro originaran una tensión interesante con la pregunta de si ese nuevo Rand seguía siendo el Rand al que queríamos o no. Tenía en mis manos despertar tal temor en los lectores, porque del mismo modo que se había vuelvo irreconocible en la profundidad de su caída, también podría convertirse en algo incognoscible en el cenit de su redención. Eso abriría un nuevo tipo de conflicto —uno que yo no había explorado nunca— a lo largo de Torres de Medianoche, antes de ofrecer, finalmente, más escenas bajo el punto de vista de Rand en Un Recuerdo de Luz. (A Harriet le encantó escuchar lo que planeaba hacer. Su principal argumento respecto a Rand era que él, para realizar los actos que lleva a cabo en el último libro, tenía que mostrarse muy humano a la hora de abordarlos. Iba a ser la historia de un hombre corriente que lograba algo extraordinario, y no una deidad incognoscible haciendo eso mismo.)

Otros personajes

Tengo debilidad por Aviendha, mi preferida entre los personajes femeninos principales de La Rueda del tiempo. (De los personajes masculinos principales mi preferido es Perrin.) Quería que hubiera un regreso de «Avi» en los últimos libros, porque tenía la sensación de que apenas la habíamos visto en los anteriores. También mantengo una relación interesante con Nynaeve, un personaje al que (de joven) yo le tenía manía. Mi opinión sobre ella es que fue la que más evolucionó a lo largo de los años que leí los libros como cualquier otro seguidor, y para cuando salió Cuchillo de sueños me tenía entusiasmado. Sabía que, con la muchedumbre de personajes de los últimos libros, ella no tendría una parte extensa en la Última Batalla. (Muy pocos la tendrían, aparte de Rand, Egwene, Perrin y Mat.) En consecuencia, para mí era importante darle una sólida e interesante secuencia de escenas a lo largo de La tormenta y Torres de Medianoche. El ascenso de su personaje no estaba indicado en los apuntes, pero fue algo en lo que insistí que saliera en los libros. (Y, de la misma forma, algo en lo que insistió Harriet —y a lo que yo estuve más que dispuesto a acceder— fue que hubiera un encuentro entre Rand y su padre.)

(Continuará.)

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jueves, 2 de enero de 2014

Retrospectiva de LRdT (2) – B Sanderson

Hace unos días colgué la primera entrada de esta retrospectiva de Brandon. De momento, y ya que habéis entrado tres lectores a comentar que os interesa, os traigo la segunda parte que se centra en «el proceso». Igual que advertí en la entrada anterior, quienes no hayáis leído toda la serie, incluido el último libro, si queréis evitar spoilers será mejor que no leáis lo que viene a continuación. Asimismo, lo que son aclaraciones o comentarios míos los pongo en marrón. Empezamos...

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: El proceso.

10 de octubre 2013

La explicación de mi retrospectiva de La Rueda del Tiempo la tenéis al principio de mi primera entrada, que trataba sobre los apuntes. Aquí tenéis la segunda.

El proceso

Lo primero que hice después de que me entregaran los apuntes fue meterme de lleno a releer la serie —con los apuntes a mano— en busca de indicios insinuados que habría que hacerlos realidad y «arcos dramáticos» de personajes que estaban inconclusos. Podéis leer mis reacciones libro por libro; escribí varias entradas en 2008 mientras releía la serie.(*)

(*) En mi blog podéis leer en el mes de febrero 2008 las traducciones a partir del 02-02-2008 (ahí tenéis —de abajo arriba— desde la entrada sobre el primer libro, en inglés, claro, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (1)», hasta la entrada sobre el sexto, «Repaso general – La Rueda del Tiempo (6)» el 26-02-2008. Luego, en el mes de marzo 2008, están desde la entrada del libro 7 hasta el 10, así como algunos comentarios aparte, como «Reflexiones», «Cálculos de Brandon» y «Definición de surrealista». Por último, en mayo 2008, el día 3, el «Repaso general – La Rueda del Tiempo (11)» Cuchillos de sueños.

Aquello me llevó meses, y mientras escribía me preparé un archivo enorme de preguntas, posibles escenas e ideas. La siguiente visita que hice a Charleston fue en la primavera de 2008. ¿Abril, quizá? No lo recuerdo con exactitud. Casi había acabado de releer los libros, aunque dudaba de que hubiera terminado ya con ello.

Llegado a este punto, me senté con el Equipo Jordan. Por si acaso no conocéis a los miembros de dicho grupo, son estos:

Harriet: Editora y viuda de Robert Jordan. Fue quien le descubrió como aspirante a escritor en Charleston, cuando ella se mudó allí para criar a su hijo, habido en un matrimonio anterior. (Harriet no creía que Nueva York fuera un buen lugar para eso, y había heredado la casa familiar en Charleston.) Las creaciones de Robert Jordan le dieron ánimo y empezó a publicar sus novelas históricas (todavía trabajaba para Tor, pero desde su casa). Con el tiempo, se enamoraron y se casaron. Fue la editora de todos los libros de La Rueda del Tiempo, además de ocuparse de otras cosas. (Por ejemplo, es responsable de casi todos los títulos de capítulos de todos los libros.)

Maria: Creo que la contrataron más o menos por el libro séptimo. Al principio, parece que su trabajo era más bien de oficina, pero con el tiempo impresionó a Robert Jordan y a Harriet y pasó a ocupar un puesto más relacionado con el trabajo editorial. Era la que se ocupaba de controlar la continuidad (como la «línea del guión» en el cine) para él, y también trabajaba en sus revisiones y correcciones. En la actualidad, además está encargada de otras cosas, como por ejemplo que las novelas gráficas de La Rueda del Tiempo sigan la trama y las descripciones de forma correcta.

Alan: Alan llegó después que Maria, pero aun así lleva años y años a estas alturas. Ayuda con el trabajo de oficina y sabe mucho sobre las artes militares. En los últimos libros se convirtió en mi «Gran Capitán». (Aunque él y yo nos dábamos de cabezazos a menudo porque yo presionaba para que hubiera más dramatismo y él para que hubiera descripciones de tácticas más específicas.)

Wilson: Ignoro si él estará de acuerdo en si formaba o no parte del Equipo Jordan, pero yo lo veo así. Wilson era primo de Robert Jordan y amigo íntimo desde la infancia; el primo que era como un hermano. Jovial y amable, no hace mucho, para un concurso de disfraces, se disfrazó… de mí. Durante años ha sido un animador para el trabajo de Jim, y siempre que me sentía amilanado por este proyecto, recibía una corta nota de ánimo o ayuda de Wilson.

Durante la segunda visita a Charleston, me senté con Alan, Maria y Harriet para perfilar mis ideas respecto hacia dónde deberían encaminarse los últimos libros. Pedí hojas grandes de papel de envolver y me puse a escribir sobre personajes, tramas, objetivos y a organizar un orden de secuencias. Después, entre los componentes del grupo buscamos soluciones e ideas para todo aquello con lo que no teníamos claro qué hacer. Varias veces presenté mis (un tanto atrevidos) planes para secuencias que Robert Jordan no había bosquejado. Creo que muchas de las cosas que sugerí sorprendieron a los miembros del Equipo Jordan… y les preocupó.

Sin embargo, mi argumento era éste: Robert Jordan no habría dejado inalterado el último libro si hubiera tenido que cambiar algo. No habría hecho todo como se esperaba que se hiciera. No habría dejado estancados los arcos dramáticos de los personajes. No habría cesado de crear el mundo. Si íbamos a lo seguro con el libro, la serie llegaría a un clímax final sin garra. Harriet estuvo de acuerdo y me dijo que llevara adelante algunos de esos planes, si bien me advirtió que, como editora, leería y comprobaría si conseguía hilar la serie de escenas. Si lo lograba, irían en los libros. Si no, las quitaríamos.

Eso acabó funcionando realmente bien. Me permitió tener libertad artística para encaminar los libros sin restricciones hacia donde creía que debían ir. Bueno, sí, me puse una restricción, que era no ir en contra de los libros anteriores de Robert Jordan, y que si él había terminado una escena en los apuntes, la utilizaríamos.

Al leer eso puede parecer que yo intentaba desviar los libros de la línea imaginada por él. Nada más lejos de la verdad. Al releer la serie, al comprender mejor sus apuntes, sentí como si tuviera una visión del tipo de ritmo emocional que Robert Jordan anhelaba dar al último libro. Ese ritmo emocional requería sorpresas, revelaciones y transformaciones. Tuve la sensación de que realmente había captado el «pulso» de esta serie. Mi objetivo era hacer realidad su visión. Sin embargo, para conseguirlo, tenía que ejercitar mis «músculos artísticos», del mismo modo que él habría ejercitado los suyos. Tenía que permitir que el escritor creativo que hay en mí creara, relatara historias.

Lo cual significaba abordar esos libros como un escritor, no como un «negro» (un escritor sin firma que escribe para otro). Harriet lo comprendió; me contrató a mí en lugar de contratar un negro porque teníamos apuntes y fragmentos de escenas, no una novela casi terminada. Sin embargo, también tuvo mucha razón al decirme que actuaría como una fuerza estabilizadora. Dejar que mi creatividad saliera de su proverbial caja de Pandora significaba caminar por un terreno peligroso, con la posibilidad de que cosas que fueran demasiado «Brandon» consumieran la serie. Yo no quería que ocurriera tal cosa, y Harriet era el mecanismo de control de seguridad.

Tal es la razón de que hubiera que quitar algunas escenas de los libros, como la de «Río de almas», que forma parte de la antología Unfettered. No es la única. Otras incluían una parte en la que Perrin entraba a los Atajos.

Durante el proceso de escribir estos libros, todos los miembros del Equipo Jordan hicieron comentarios sobre todos los aspectos, pero cierto tipo de especialización surgía en cada uno de ellos de forma natural. Harriet editaba y se enfocaba en el modo de expresarse de los personajes. (Como bien me hizo notar respecto a una de mis primeras escenas de Aviendha: «Brandon, has escrito una Elayne casi perfecta.» Me costó unos cuantos intentos más hasta conseguir lo que era correcto.) Maria estaba atenta respecto la continuidad con los otros libros. Alan hacía hincapié en la línea temporal, movimiento de tropas y tácticas.

(Continuará.)

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domingo, 22 de diciembre de 2013

¡¡Felices fiestas!!


Feliz Navidad y un mejor año 2014


De nuevo estamos en estas fiestas que tradicionalmente las consideramos familiares. Recuerdo que el día 22, con su cantinela de la lotería sonando en la tele o la radio, dependiendo si tu madre tenía que hacer cosas (como casi siempre) o quizá las retrasaba para más tarde y se sentaba un rato a ver el sorteo en la pantalla (que es algo bastante monótono, por cierto) era la fecha en la que empezaban las fiestas de Navidad y alguna vez coincidía con ser el primer día de las vacaciones del colegio o del instituto.

Dicho sea de paso, en casa no ha tocado (¡qué raro!, ¿no?) ningún premio de esos que dan tanta alegría a la gente, y más en una época de penurias como la que vivimos. De todos modos... No sé si me habría alegrado mucho, porque para una vez que toque, a quien le toque, si resulta que ahora tienes que "soltar" un 20% de impuestos por el premio... Pues que te lo amargan, claro.

Nada, como decían las madres y las abuelas (y todos los demás, supongo) lo importante es tener salud. Pues sí, lo es. Pero con un poquito de ayuda para celebrar que la tienes no vendría mal, ¿cierto?

Veréis que os traigo el "establo" donde se albergaron José y María y nació el niño Jesús. Es el portal del enorme nacimiento que montan todos los años en las calles principales de San Lorenzo de El Escorial con figuras a tamaño natural. Además del portal y sus protagonistas (incluidos la mula y el buey, por supuesto), están los reyes magos, ángeles, pastores, cortesanos y soldados romanos, molineros, mercaderes, panaderos, y todo un pueblo de Belén con casas de atrezo y muchos personajes y animales, tanto los habituales como caballos, burritos, ovejas, cabras, vacas, gallos, gatos, perros -y también buitres- hasta los traídos de otras tierras, como jirafas, dromedarios, camellos, pájaros exóticos, etc. Este año incluso tenemos un gorila, nada menos. Y entre ellos y los habitantes de Belén nos mezclamos quienes lo visitamos.

Son figuras muy sencillas (creo que deben estar hechas con cartón, nunca lo he preguntado), pero hay un ambiente festivo muy particular, y los peques se lo pasan en grande viendo a Sus Majestades encaramados en el elefante, el camello y el caballo. Coincidí con un montón de chiquillos de un cole que iban con sus seños. En verdad no habría sabido decir quién se lo estaba pasando mejor, si los peques o ellas.

En fin, que espero que disfrutéis estos días de fiesta y ojalá que 2014 nos traiga mejores cosas que el año que se va, aunque en las Navidades de 2012 deseé lo mismo y... Bueno, ya sabéis, no han mejorado las cosas, creo. Pero por desear y esperar que no quede, ¿verdad?

Os dejo como siempre la velita encendida en la ventana, para que al volver a casa no os perdáis por el camino. Y divertíos y disfrutad, pero con sentido común, ¿de acuerdo?

Un saludo a todos, y que se cumplan vuestros sueños.


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viernes, 13 de diciembre de 2013

Retrospectiva de LRdT (1) - B Sanderson

Hace unas semanas, un lector me comentó que Brandon estaba haciendo unas entradas en su nuevo blog con el título «Retrospectiva – La Rueda del Tiempo». He estado muy atareada con otras cosas, pero tuve un par de ratos para traducir la primera parte de estos artículos, una que trata sobre Los apuntes que dejó Robert Jordan. Ya hay otras siete entradas que se centran en otros aspectos de su trabajo en la serie. Esta primera es, creo, una de las más largas, de modo que cuando tenga ocasión intentaré traducir las dos siguientes y lo colgaré.  Mis comentarios están en otro color, para que se distinga del cuerpo principal de la noticia. Espero que os parezca interesante porque, en caso contrario, no dedicaré más tiempo a este tema. Por cierto... Para quienes no hayáis leído todo, incluído el último libro, hay spoilers, de modo que... Absteneos de leer la entrada.Y empezamos con:

Retrospectiva – La Rueda del Tiempo: Los apuntes.

8 de octubre 2013

Por lo general, suelo hacer una sesión de P&R (preguntas y respuestas) como parte de las firmas de libros. Una de las preguntas que me hacen con más frecuencia es: “¿Qué aprendiste al trabajar en La Rueda del Tiempo?” A menudo me cuesta responder, porque no sé cómo tratar el tema de forma resumida.

Hace tiempo que quiero tener una recopilación de entradas que recoja todo lo que he dicho durante las firmas y durante las entrevistas, así como en otras entradas relacionadas con mi experiencia con La Rueda del Tiempo. Incluiré mis pensamientos y mis sentimientos, y después intentaré utilizarlo todo para abordar la tarea de hablar sobre algunas de las cosas que he aprendido sobre la marcha. ¡Dicho proceso durará cierto tiempo! De modo que si estáis interesados en este tema, echad un vistazo durante las próximas semanas, a medida que vaya avanzando a través de una retrospectiva de mi participación en La Rueda del Tiempo.

Los apuntes

Como ya he dicho en otras ocasiones, firmé los contratos con Harriet para concluir la serie antes de que me entregaran los apuntes. Por lo tanto, en ese momento no sabía bien qué era lo que había escrito ya para Un recuerdo de Luz. De hecho, lo único que sabía era que el señor Jordan había escrito el final, ese final que había prometido durante años que estaba en su cabeza. No obstante, siendo el tipo de escritor que era (jardinero*) que escribe según avanza la historia, pero que la historia tiene libertad para desarrollarse, siempre apuntó que el final podría cambiar de forma al igual que su perspectiva del mismo podría evolucionar con el paso del tiempo.

(*George RR Martin clasifica a los escritores en dos tipos: arquitectos y jardineros. Los primeros lo tienen todo planificado, diseñado y dibujado antes de clavar el primero clavo. Los segundos plantan una semilla que saben de qué tipo es y la riegan; mientras brota y la riegan no saben cuántas ramas va a tener y lo descubren a medida que crece. Por lo visto, también Martin es del tipo “jardinero”, según él mismo.)

Entusiasmado, acobardado, volé a Charleston en diciembre de 2007 para reunirme con Harriet. La conocía sólo por su reputación como directora editorial de Tor Books durante los años fundacionales de la editorial, la mujer que editó El juego de Ender y que descubrió a Robert Jordan. Me sentía terriblemente intimidado. Resultó que Harriet tiene un aire solícito, protector; al estilo de una mujer sureña de clase alta, claro. Es competente, tiene una gran seguridad en sí misma y parece exudar sabiduría. No obstante, también es amable, de sonrisa pronta, y tremendamente sincera. Creo que nunca he conocido a una persona que sepa compaginar tan fácilmente la confianza en sí misma con la consideración.

Cuando llegué a su casa le pregunté por el final, y ella me lo dio. Pasé horas rebuscando y leyendo los apuntes; seguí con lo mismo después de que Harriet se hubiera ido a acostar, aunque antes me señaló el ordenador que había en el cuarto donde estaba sentado.

—Es el de Robert Jordan —me informó—. Ahí es donde escribió muchos de los libros, en ese ordenador, con ese teclado. Hace poco lo trajimos de su despacho aquí, a este cuarto.

Así que, allí estaba yo, sentado junto al ordenador de Robert Jordan, mirando copias de sus apuntes y sintiéndome sumamente abrumado. Os estaréis preguntando qué había en esos apuntes. Bueno, en los preparativos para escribir esta parte hablé con Harriet y (como he prometido a menudo a los lectores) le pregunté si sería posible publicar los apuntes o, al menos, hablar de cosas específicas de su contenido. (Aún quiero hacer algún día una serie de entradas en el blog para mostrar escenas de los apuntes y después compararlas con escenas de los libros publicados, así como un comentario sobre por qué tomé las decisiones de cambiarlas como lo hice.)

En respuesta a mi pregunta, Harriet me indicó que el trabajo en la Enciclopedia de La Rueda del Tiempo todavía no está terminado. Ella y el Equipo Jordan no han acabado todavía de decidir qué fragmentos de los apuntes quieren incluir en la enciclopedia, y cree que no es el momento de publicarlos. (O ni siquiera que yo pueda hablar sobre aspectos concretos.)

En consecuencia, no puedo referirme a muchas escenas específicas. Así pues, hablaré sobre el proceso en general, que quizá sea más interesante para muchos de vosotros. Veréis, como ya he explicado antes, los «apuntes» no son lo que la gente supone. Harriet me entregó doscientas páginas de material, y eso es lo que leí aquella primera noche. Dichas páginas incluían:

Partes escritas por Robert Jordan: Robert Jordan era un autor del tipo “descubridor” en el sentido de que tendía a explorar en la dirección que quería que fuera su historia mediante la escritura. No trabajaba a partir de un boceto. Harriet ha explicado que él tenía unas cuantas metas hacia las que apuntaba, grandes acontecimientos que sabía que tendrían lugar en algún momento de la historia. Ignoraba la forma exacta en que tales acontecimientos se desarrollarían hasta que lo escribía, pero sabía cuáles eran. De lo contrario, escribiría y exploraría abriéndose camino hacia sus metas y descubriendo muchas partes de su historia a medida que trabajaba.

Robert Jordan tampoco era un escritor lineal. A juzgar por sus apuntes, pertenecía a una de las variedades de escritor menos común, de los que trabajan en una escena que les interesa, da igual dónde encaje luego en la historia. Parece que a menudo sacaba un archivo y escribía un rato sobre ese tema, después volvía a meterlo entre los apuntes. Al día siguiente, se ponía a trabajar en otra parte distinta de la historia. No obstante, es posible que, conforme empezara a trabajar en serio en un libro, avanzara de un modo más lineal. Después de todo, el fragmento escrito más largo que dejó a su muerte fue el prólogo de Un Recuerdo de Luz.

Sin embargo, por lo que Harriet me ha contado, él no enseñaba sus apuntes a la gente, y tampoco les mostraba a ellos los primeros borradores. Con frecuencia, ni siquiera Harriet conseguía ver esos borradores; al parecer, a menudo lo que le entregaba era el borrador decimoprimero o decimosegundo.

En el montón de apuntes que recibí estaban todas las escenas que Robert Jordan había escrito realmente para Un Recuerdo de Luz. En total, eran alrededor de cien páginas. No os puedo decir todo lo que había allí; todavía no. Sin embargo, puedo hablar de temas que he dicho antes. Una de las cosas que había en esos apuntes era el final. (Pasó a ser el epílogo de Un Recuerdo de Luz, aunque yo le añadí un par de escenas.) Otra era el prólogo sin acabar. (Esa parte la dividí en tres para hacer los prólogos de los tres libros, aunque también añadí bastantes escenas a esos prólogos. Escenas que él había terminado, casi terminado o eran un primer borrador suelto que incluir: el granjero que observa las nubes que se aproximan en La tormenta; la escena con Rand vista a través de los ojos de una sul’dam en el prólogo de La tormenta; la escena con los fronterizos en lo alto de la torre en Torres de Medianoche; y la escena de Isam en la Llaga al principio de Un Recuerdo de Luz.)

También incluidos en ese montón de escenas había unos cuantos fragmentos, entre ellos el de la escena en la que Egwene recibe una visita especial en La tormenta. (Se comenta el color de los vestidos.) La escena en Torres de Medianoche en la que dos personas se comprometen. (La que termina con uno de los personajes encontrando una olla en el río, que es un detalle que yo añadí.) Y la escena en Campo de Merrilor, con la llegada impensada al pabellón de un personaje al que no se esperaba. (Gran parte de esa secuencia estaba bosquejada a grandes rasgos.) He intentado ser impreciso para no hacer spoilers.

Sesiones de P&R con los ayudantes de Robert Jordan: Casi al final, el señor Jordan estaba demasiado débil para trabajar directamente en el libro, pero sostenía reuniones con Maria, Alan, Harriet o Wilson en las que les hablaba del libro. Grabaron algunas de esas sesiones y después me las transcribieron. La mayoría de esas grabaciones se centran en alguien que le pregunta: «¿Qué pasa con éste o aquél?» Y entonces él habla sobre su posición al final y lo que les ocurre tras el último libro. Muchas de estas transcripciones se centran en la estructuración de tramas principales. («Bien, pues dime otra vez qué ocurre cuando Siuan se cuela a hurtadillas en la Torre Blanca para intentar encontrar a Egwene.») O se enfocan en el clímax del último libro. El conjunto de esta información me dio una sensación general del propio final, y una interpretación de dónde acababa la gente tras los libros. No se discutió mucho respecto a «¿Cómo llegan del final de Cuchillo de sueños al clímax de Un Recuerdo de Luz

Selección de los apuntes de Robert Jordan: Como he mencionado antes, los archivos de apuntes más extensos de Robert Jordan son muchísimos y están desordenados. Son distintos a los apuntes que me entregaron, el paquete de doscientos. Mi paquete incluía páginas que el Equipo Jordan consideraba más importantes para la redacción del libro. Sin embargo, también me dieron un CD en el que estaba todo incluido: miles y miles de páginas de material.

Aunque es posible que se os haga la boca agua con eso último, en su mayor parte son cosas que a muchos de vosotros no les parecerían interesantes. Por ejemplo, están todas las versiones de los glosarios a fin de que el señor Jordan supiera qué se había dicho sobre ciertos personajes en ciertos libros. (Son idénticos a los que van impresos al final de los libros.) Hay apuntes sobre muchos de los libros, datos que el señor Jordan utilizaba mientras escribía en una novela concreta de la serie, pero la mayoría de esos detalles acababa en los libros y no os revelaría nada nuevo. No obstante, hay muchas cosas interesantes sobre la creación del mundo de La Rueda, parte de las cuales está en los libros, pero también quedan muchas otras que probablemente aparecerán en la enciclopedia. Asimismo había archivos de apuntes sobre algunos personajes respecto a visiones, profecías, etc. relacionados con ellos y que tenían que cumplirse, junto con notas sobre su actitud, cosas que todavía tenían que llevar a cabo en la serie, y a veces detalles sobre sus vidas.

Maria y Alan pasaron meses repasando meticulosamente los apuntes y extrayendo cualquier cosa que consideraron que podría serme útil. Ésa fue la última parte de mi montón de doscientas páginas de apuntes, aunque yo pude dedicar tiempo a “peinar” los grupos de apuntes más grandes. E hice bastante de eso.

(continuará.)


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